| |
|
Buenos
días,
Quiero darle las gracias a todos los presentes por asistir a este acto
de graduación de la promoción numero veinte del Colegio
Jefferson. Así mismo, quiero agradecerles a todos aquellos que
dentro o fuera del colegio, pusieron de su parte para ayudarnos a convertirnos
en lo que somos hoy en día. Gracias por su apoyo y colaboración.
Parece mentira que estemos llegando al final del camino que iniciamos
hace quince años. Un camino que comenzó un día
de septiembre cuando, agarrados de la mano de papá o mamá,
entrabamos asustados a un lugar nuevo llamado “Colegio Jefferson”.
Era en ese momento en el que todos nos poníamos a llorar y a
pelear por los juguetes, aunque en el fondo, inconscientemente estábamos
construyendo nuestras primeras amistades.
Ahí empezamos preescolar, y aunque no lo crean, se fue volando.
Esos tres años imposibles de olvidar, en los que nuestra tarea
mas difícil era la de cantar una canción todos juntos
sobre esta misma tarima, sin que nadie se equivocara o hiciera un desastre.
Que buenos recuerdos los del parquecito con los bloques, aun cuando
esos mismos bloques terminaron más de una vez chocando contra
mi cabeza. También recuerdo que ya dejábamos de ser los
niños tiernos que todas las mamas querían cargar, porque
por ejemplo, ya Gusi no tenia el pelo liso, D’Ascoli había
dejado de ser catire y a Dapu ya se le empezaba a enredar la lengua
cuando hablaba.
Pero dejamos los pinta dedos y las acuarelas atrás para pasar
a primaria. Ahí fue donde, de la mano de todas las maestras,
aprendimos a leer, sumar, restar, multiplicar y dividir. Fue en esta
etapa donde DragonBallZ formó parte de nuestro día a
día, y donde pasamos de las piñatas a las minitecas acompañados
de un estilo musical que ahora todos bailan, entre ellos el profesor
Pedro, el reggaetón. Después de esos años de camisa
blanca, pudimos observar que Gunnar alias “Punto y Coma” y
Luijo iban a dar su vida por el futbol, que Becky iba a perderse en
el mundo de la música y la batería y que Manu y Mare
iban a sufrir para pasar el metro sesenta.
Y así llegó el momento en el que por fin dejábamos
las camisas blancas por las azules. Entrábamos a Bachillerato
y por primera vez dejábamos de tener maestras para tener profesores.
Fue en nuestro primer día de séptimo grado cuando conocimos
a nuestro padrino de promoción, Antonio Sánchez, quien,
al parecer, se la pasaba pintado en la pared. Aquí fue que conocimos
que eran los puntos de rasgo, como se perdían y donde se buscaba
un informe. De séptimo recuerdo el fallido intento de cambiarnos
de salón, la guerra de taquitos del azul y la pequeña
mafia que teníamos en el rojo. De octavo la canción que
le hicimos a la profe Tamys, los exámenes en pareja de Elvis
y las unidades didácticas imposibles de Sánchez. Luego,
al llegar a noveno aprendimos lo que eran las tres marías con
sus tres profesores inolvidables: Química con Aarón,
que siempre nos recordaba la frase de aquel famoso filósofo
que dijo, después no quiero lloradera. Física con Orellana,
que nunca sabia donde íbamos en la materia ni quienes eran los
que echaban broma a sus espaldas, aunque siempre botaba a los mismos
solo por costumbre. Y por último, Matemática con el profesor
Amram quien no solo nos enseñó lo que eran las raíces,
sino que también nos explico métodos como Pomusu y el
método de las papas. Pero todo esto de las tres Marías
cambio al conocer a la profesora Mireya, porque al ver lo imposible
que era biología, nos dimos cuenta que en realidad eran cuatro.
En cuarto, debido al cambio de azul a beige que experimentó nuestra
camisa, D’Ascoli, Benny y yo, parecíamos unos habanos,
marrón por todos lados. Fue este el periodo de los interminables
SATs y de las rudas clases de matemática con Pedro y Tabares
(trigonometría, logaritmos, imaginarios, etc.). También
recuerdo las clases de psicología con Pilar, donde la exploración
de nuestro subconsciente derivó en largas siestas. Así mismo,
recuerdo esa hora y media que teníamos cada dos semanas con
Ms. María Elisa en orientación que siempre la utilizábamos
para relajarnos de ese ritmo fuerte y agitado de cuarto año.
Llegamos a quinto y, rápidamente, empezamos nuestro propedéutico
y la elaboración de nuestras tesis. Así mismo, recuerdo
las clases de inglés con Ms. María Teresa y Ms. Mercedes
en las que nos dedicamos a leer Hamlet y el interminable Frankenstein.
Pero fue casi el final de nuestro último año fue que
vivimos nuestro talent show neoyorquino, la inolvidable caravana y
la fiesta mexicana que la acompañó.
Pero al terminar mis 15 años de colegio me pude dar cuenta que
a veces soy mejor con los números, y por eso quiero terminar
este discurso con unos numeritos y sus explicaciones.
Comenzamos por el 1, aunque es más un primero, ya que fuimos
los primeros en estrenar Maternal, los primeros en ir completos a La
Encantada en sexto grado y también fuimos los primeros en realizar
una actividad como el Spirit Week.
2: La cantidad de cuarto y quintos que ganamos. Los puntos de rasgo
que Gusi y el cuarteto de Muro, Zilio, Chávez y Dapu nunca tuvieron
completos. La plancha ganadora y que hasta hoy será el consejo
estudiantil del Colegio Jefferson.
0: La sumatoria de los informes entre Ríos y Cristi Egui quienes
se portaron como unos angelitos durante toda su vida en el colegio.
Los puntos de rasgo de Caco y el torou Mazziotti en el segundo lapso
debido a una discusión que tuvieron.
3: El grupo de Mare, Mafe y Caro quienes nunca entraron a una clase,
y que siempre necesitaron de Vero para que les explicara.
4: Los pupis, Gian, Gunnar, Luijo y yo que siempre tratábamos
de disfrutar nuestro tiempo en bachillerato al máximo. El puesto
del Chino en medicina.
6: Las horas que Barbi, Dani Escobar, Ale, Angie, Lili y Cristi (il
pomodoro) se la pasaban chismeando
.
7: El grupo de Eu, Becky, Beto, Frank, D’Ascoli, Eduardo y Bobby,
los Músicos que pocas veces dejaban de tocar en pleno salón,
pero que siempre nos hacían entrar en una onda de relax.
9:15 y 9:45: La hora que aprovechaban Miguel, Ricardo, Manuel, Sebas
y Adriano para comer en la cantina y discutir temas de importancia.
La misma hora que el grupo de Valery, Cotty, Silvi, Valen, Maca, Maco,
Sara y Ali utilizaban para cuadrar un viaje hacia alguna playa exótica.
14: Los años que entré al colegio con un Buenos Días
de bienvenida que recibía siempre del señor Evelio.
18: La suma de los choques de Alicia, Paolo, Tizi y Farid desde que
les dieron el carro.
Menos 5, menos raíz de 7, menos logaritmo en base 2 de 3 más
la napa= 17: Las notas inexplicables de Juanki.
Más de 500: Las páginas de Cien Años de Soledad
que Nieves esperaba que leyéramos.
Pero el numero mas importante de todo mi bachillerato fue uno que sufrió muchas
modificaciones, pero que hoy es el 47: La cantidad de hermanos y hermanas
que hoy, 21 de Julio del año 2010 se están graduando
conmigo de esta, nuestra segunda casa, el Colegio Jefferson.
Tal vez me pase en el tiempo, pero es que ni con una hora entera, hubiese
sido posible explicar lo que ustedes han significado para mi en estos
15 años. Gracias por todo promo, nos estaremos viendo en un
futuro no muy lejano y recuerden que tienen el éxito asegurado.
Gracias a todos nuevamente.
Buenos días.
|
|
|